03 diciembre 2010

Madeira, un lugar para vivir

Aunque Easy Jet anuló nuestro vuelo con una disculpa y nos tuvo de espera cuatro horas en Lisboa hasta el último avión que a diario cubre la linea con Funchal, hoy se nos ha pasado la contrariedad paseando por esta ciudad-pueblo de naturaleza exhuberante y donde los habitantes además de portugueses, ricos siempre en tiempo, para mirar, pasear, hablar, estar en la ventana, compartir con los amigos los buenos postres de las cafeterías etc. pues además de portugueses son isleños: acogedores, simpáticos, hospitalarios, admiradores de lo que viene de fuera y también celosos de lo suyo... de isla a isla y "tiro porque me toca", como Faial en Azores pero más extensa.... el clima no está radiante, pero nos ha dejado visitar el mercado, subir en el funicular, hacer excursión por Monte, visitar el Jardín Botánico importantísimo y cuidado aunque no primoroso pues faltan muchos cartelitos con los nombres... las calles engalanadas de Navidad ¡que felicidad! ayer llegamos a medianoche (menos mal que avisamos a los del hotel). Nos abrieron la puerta sin saludarnos más que por el dictáfono: habitación 13... como es muy céntrico tuvimos mucho ruido de tráfico, la calle adoquinada... en fin, hoy al explicarlo nos han enviado a la azotea con una vista preciosa, con internet... ¡un lujo! y tenemos un concierto justo aquí al lado...




El "Museu del Vino" está "fechado" por reformas pero hemos disfrutado del "Museo de la Electricidad"... algunos otros, reseñados en las guías, increíblemente no aparecen...
Càmara de Lobos, con su puertecito, la Iglesia primorosamente reconstruída, la casa de cultura, una biblioteca moderna.
Baía d' Abras con su viento y sus acantilados, todo senderismo para pasear, hicimos el recorrido, con las capelinas y lluvia mientras esperábamos el bus de regreso.
Faial con su cementerio y la iglesia alta como de cuento. El aguardiente de caña, aromático y fuerte como nuestro orujo, nos ayuda a reponer fuerzas después de las excursiones.Todo son cuestas bien píndias y escaleras sin escatimar, tengo que confesar una pequeña agujeta en la parte anterior de los muslos. Casi todas las mujeres llevan zapatones, deportivas y botas planas y hasta gran parte de los zapatos de vestir son sin tacones.

Cinco días disfrutando: Viajamos en transporte público, casi solos durante el fin de semana, el aeropuerto está cerrado por fuertes vientos (además de afectado por la huelga de los controladores españoles) y los cruceros que esperaban para este puente han cambiado de rumbo por mala mar. Dicen que doce mil turistas no han podido llegar, pero nosotros hemos encontrado un grupo grande de madrileños que llegaron la víspera de los problemas. Atravesar la isla de sur a norte, aunque son unos cien kilómetros supone tres horas de viaje por una orografía espectacular, que aún procediendo de Cantabria, impresiona. Claro que el bus (de línea, no de turistas) hace paradas de diez minutitos para tomar café y hasta para unos instantes en acantilados o miradores improvisados para que podamos hacer fotos -otras tres parejas de nuestra quinta viajaban como nosotros, con su mochila al hombro y la cámara dispuesta- la gente (chóferes, revisores, que siempre suben en algún lugar del trayecto, uniformados, del color de los buses, si viajas para el Oeste de Funchal con rayitas rojas, si hacia el Este buses y uniformes son verdes...) todo es tan entrañable que invita a quedarse, a vivir, la naturaleza es espléndida pero la limpieza, la conservación es un mérito propio más que admirable del que están orgullosísimos. Las carreteras estrechas y a menudo con coches aparcados, (nadie se impacienta) coronadas de petriles blancos intermitentes que le da un aspecto de seguridad y pulcritud, los autobuses casi todos muy usados con aquellas tapicerías de skay de moda hace 30 años, todos los rotos bien zurcidos, todas las tapas de formica íntegras sin una esquina desconchada, ninguna pintada, ningún desgarrón. !Qué ejemplo! los parques de cualquier rincón, con nombres en sus árboles, los ceniceros separados de las papeleras, no hemos encontrado una papelera volcada... solo vimos contenedores caídos por el fuerte viento, sin nada derramado, sin duda ya lo habían recogido, nos tocó colaborar y quitar unas piedras de la carretera para que pudiese pasar el autobús, llovió fuerte una mañana de domingo y por la tarde los operarios ya retiraban el material argallado... las iglesias siempre están abiertas, son sencillas y de techos pintados, con buen gusto, lugares nada recargados que invitan a la contemplación, al recogimiento, al descanso. En Faial, justo después de comer la iglesia estaba llena de gente, había un funeral, salieron con un estandarte, primero las mujeres, después los hombres, casi todos con flores, hicieron un pasillo-camino que casi unía la iglesia con el cementerio sencillo y precioso. Por el transportaron a hombros el féretro. Tuve rubor de sacar la máquina de fotos.
No es un destino para todo el mundo, pero este último viaje ha sido el mejor de mi vida. No solo un sitio para conocer, un lugar para estimar, para vivir, para admirar. Hasta el momento y a pesar del reclamo turístico, no han abandonado la agricultura y es admirable como los bancales están llenos de vid, plátanos, chirimoyos, aguacates y huertas. Hay muchísimos madeirenses fuera de la isla (Sudáfrica, Venezuela, Brasil) y su gran momento de encuentro es la Navidad, presumen de las trescientas mil bombillas que de manera artesanal envuelven los árboles de las poblaciones. Dos tercios de los habitantes están fuera de la capital, en muchos de los pueblecitos hemos encontrado unas escuelas dignas, centros de salud, estaciones de bus, casas de cultura, museos,...
Hemos tenido la oportunidad de hablar sin prisa de la evolución del turismo en los últimos años, de la construcción de ese aeropuerto cuyos pilotos tienen que hacer un examen especial... con el dueño del hotelito, con la camarera del desayuno, con quien compartíamos las noticias del primer telediario cada mañana, con Bel la chica que hace las habitaciones, con tanto personal, que hay en todos los lugares (las tiendas, las oficinas, los museos, el mercado....) también con los pescadores en la taberna, con los operarios en la plaza de Porto de Moniz mientras montaban las tarimas para su fiesta del dia 8, acuñando uno a uno los postes que sostienen bombillas o banderitas, siempre dispuestos a conversar y también a preguntar, ese ingrediente tan atractivo del carácter isleño. Y a la hora de pagar el alojamiento, copita va (de aguardiente de uva hecho con un sistema diferente al de Potes) copita viene, conversación que se prolonga, nos cobraron de más por equivocación. Cuando bajamos para el último desayuno allí había madrugado José Mendonça para devolvernos 70€... da pena dejar la isla, nos llevamos el aroma, el buen gusto y su música alegre que nos ha transportado a Chiloé por su parecido...

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