20 enero 2013

Que dolor! Me han vuelto a robar LA BICI...

¿Cuántas veces habré regalado el poema de Alberti?  a los ciclistas cincuentones y a los más jóvenes, en forma de libro manuscrito, en cuadro, en marcapáginas, en CD… emocionándome siempre al leerlo en voz alta…

Esta semana han robado MI BICI, la última, tenía casi ocho años pero no había pasado de 10 mil Km, “prácticamente nueva” al lado de las anteriores, nunca había salido de los alrededores de Palma y Marratxí, tantos viajes en bici en otras épocas: En bici he paseado por los alrededores de New Bedford, en aquella bici americana rara que compré en un anticuario, que tenía los cambios en el buje y que se me oxidó y estropeo en el mes de travesía a bordo del Freewings, viajes por las carreteras verdes desde el Pirineo a Paris, paseos en Holanda cuando vivimos en aquel astillero de Rotterdam, que felicidad todo el mundo en bici, desde los ingenieros a los marineros por aquellos muelles quilométricos…una vez desde Saja fui a la feria de cerámica de Zamora por Medina de Rioseco que casi nos comen los mosquitos mientras montábamos la tienda, de Reinosa a Palencia por Frómista, por tierras de La Rioja, Cantabria costera y claro mi ruta predilecta en compañía y en solitario de Reinosa a Cabezón, con estancia en nuestra cabaña de Saja, viajes por la provincia de Burgos, de Soria de Guadalajara, rutas en Ibiza, en Alicante y Barcelona con la bici plegable del Alas Libres, Menorca todas las semanas de aquel verano del 84 cuando vivíamos por Alcudia, de Ciutadella a Maó, porque el capitán Bauçà mandaba el “Buque Menorca”… y Formentera, sin aeropuerto con muchas bicis de alquiler, con una distancia justa para recorrer en un pis pas y sudando un poco para tener mérito, de la Sabina a La Mola...
Ahora sólo la uso para trasladarme a Palma, para ir a mis trabajos por colegios y bibliotecas, cargada de alforjas, maletas y sombreros.
Harta de que en casa me dijeran que mi bici anterior era cutre, que las ruedas ya no se podían centrar, que el eje pedalier estaba gastado, que las llantas  oxidadas, que las cubiertas viejas, que los frenos no ajustaban (siempre he sabido frenar poniendo el tacón en la rueda…claro que tenia surco en las suelas de las chirucas….)




Bien, cansada de oírles me compré la que estimaba sería la última bici de mi vida, más cómoda para la espalda, me convencieron de dejar ya  las de corredor y usar una bici de paseo carretera viaje, robusta elegante, poderosa que pudiera con mi equipaje de trabajo… y con la asesoría del ciclista que entonces recorría el mundo y pasó unos meses con nosotros bici de compré una bici de mi talla, roja metalizada, robusta, grandísima con unas ruedas tan imponentes que llegan volando con dos pedaladas, que parece que vas por encima del nivel de los coches (bueno de los asientos de sus pasajeros) con cubiertas más gordas que las antiguas pero mucho más finas que las de montaña, que rozan con seguridad pero no se pegan, con rastrales negros abrazadores, sillín robusto, amortiguación hidraúlica… una joya de bicicleta.

No tuve bici de niña –mi madre era temerosa y pasaban coches por donde vivíamos, suficientes como para que no estuviera tranquila- con todo, siempre ansiosa de aprender pedía las bicis “sin” pedales (que niñez de escasez) de los niños de mi barrio…
 La primera me la compre en mi primer año de trabajo remunerado, ya tenía carnet de conducir y varios años de repartidora de paquetes por la ciudad donde vivía…
 Desde entonces, puedo presumir que donde puedo ir en bici no voy en coche…

Aquella primera bici me la preparo en su taller de Peñacastillo el padre de Pérez Francés, ciclista el padre, ciclista el hijo, montaba bicis con piezas de otras…me preparó una bici “de mujer” de paseo con frenos de varilla… pintada de naranja con las molduritas blancas, quedó como nueva, me costó 1.500 pts del año 73…en pocos meses comprobé que las ligeras de corredor avanzaban más con menos esfuerzo, me dejaron una para hacer la Ruta del Románico por Palencia en mi primer campamento con los alumnos de Altamira…y nunca más volví a mi primer trasto.
Ya tuve la primera de corredor, también de segunda mano, era verde,  me entusiasmaron los cambios de piñón, imprescindibles en la orografía cántabra y oculté a mis padres los moratones de la primera caída importante, el bus de Astillero me adelantó rápido y freno en su parada. Me pegué una buena castaña, doblé la rueda delantera y el chofer ni me vio…andando,, arrastrando la bici volví hasta Peñacastillo, otra vez Pérez Francés me sacó del apuro por unos pocos duros. Me sirvió para ser más precavida. En los 40 años posteriores de mi vida de ciclista, sólo he tenido pequeños percances, el peor un coche estacionado que abrió la puerta y me tiró en el estrechamiento que hace la calle Aragón antes del Corte Inglés de Palma. Faenas y sustos menores muchos. Te acostumbras a ir muy alerta, aunque no tengo nada de miedo.

He gastado cuatro bicis de corredor, barateras aunque las dos  últimas ya tenían cambio Zeus. Me han robado varias veces, la bici entera y por partes (en el 75 una noche de viernes que durmió atada en la calle (y eso que era Reina Victoria) cuando madrugué para ir a buscarla y acudir al punto de salida de la excursión me encontré con el cuadro y el manillar: ni ruedas ni sillín, la cadena colgando el cambio roto…es casi más doloroso que cuando se llevan todo. Tuve que tragarme las lágrimas pedir prestada la suya  a la directora del cole y no suspender la salida de bicis, llegué al  embarcadero sudada i llorosa , los papás esperaban con la tropa de Tagorines…
Nunca me han servido de nada las denuncias pero no soy capaz de no hacerlo. Por eso al leer ayer en Internet La historia de cómo recuperé mi bici me hizo sentirme cobarde.
Estoy  rabiosa porque estaba convencida de que no me tocaban más robos (no es nada una bici comparado con el trauma de cuando nos vaciaron nuestra casa) y me sentía protegida no sólo por los dos candados, sino por el letrerito plastificado de “NO ROBES BICIS NO TE CONVIERTAS EN UN LADRON MISERABLE”…porque siempre me he defendido con la palabra:


Pero estoy rabiosa también y sobre todo porque me la han robado en una instalación Municipal con aparcabicis protegido con cámara y con un Agente de Seguridad que, ahora he sabido tiene un horario FIJO que los “cacos” se saben y los usuarios no. Siendo la ciclista asidua más antigua de la instalación me siento idiota de no haber tenido la información de que habían robado otras (cuantas?) bicis dentro del mismo aparcamiento.
Salgo una hora después de haber entrado y la bici no está  (las otras cuatro si) y no me sugieren desde recepción nada. Podréis llamar a la policía pregunto y me pasan el teléfono. Cuando pregunto si puedo ir al casal de barrio de Son Gotleu donde hicieron nuevas unas dependencias de policía que parecen de gran ciudad, me dicen que no funcionan para el público que tengo que ir a San Fernando o al  Paseo Mallorca. Entre desplazarme sin bici, esperar para el papeleo etc. pasan un par de horas que hubieran sido claves si se me ocurre lo que dos días más tarde pensé: Hablar directamente con el policía de barrio, visto que el gerente correcto y educado de la vida de los ciclistas no sabe casi nada. A la falta de respuesta a mis cartas enviadas año tras año, para conseguir subir las bicis a la planta de entrada y a las que sólo había recibido una contestación automática de “gracias por su sugerencia, será pasada al departamento correspondiente para aumentar la calidad de bla bla bla” y nunca una respuesta concreta, toda  su contrapropuesta, después de dos días de verme llorosa es poner un cartel plastificado en el aparcamiento para que los ciclistas se compren candados de más seguridad y que se nos permitirá la opción de subir únicamente la rueda delantera… ¡como si no costara nada quitarla y sobre todo ponerla, aguantar con una mano el resto, aflojar los frenos y luego ajustar  centrar bien, ir a lavarte para no poner el manillar la ropa y la cara llena de grasa… y me cuesta creer que ellos no tengan acceso a la grabación. Si desde recepción no lo vieron en el momento -o porque estaban en el baño o simplemente porque no miraban la pantalla (fina y en color, magnífica que tienen junto a su silla)- para qué tienen la cámara, para hacer el paripé? Dicen que después no pueden rebobinar para consultar lo que sucedió que eso lo tiene que hacer la policía y pasan los días sin que se personen. Y el agente de seguridad con un horario fijo! Que desperdicio de recursos! Lo podían ahorrar ahora que los dineros son tan escasos…. Alguna vez han evitado un robo? Ahora escucho que no es la primera bici sustraída, pero los usuarios somos los últimos en enterarnos… Nunca hasta este año yo había visto a nadie de seguridad uniformado…o igual no me fijé, no tengo ni idea cuando ha sido contratado. Nadie nos ha comunicado nunca nada sobre sus funciones o su horario…según su propia información los cacos (Chorizos fue el adjetivo que él usó) le tienen vigilado, ellos sí conocen bien el horario…
No me resigno a no recuperarla, por más que constato que está siendo habitual desde hace meses sin que las instituciones se sientan sensibles al tema, algunos casos, pocos han tenido final feliz después de mucho sufrimiento, mucha perseverancia, sabiduría y también suerte, no pienso escatimar ninguno de los ingredientes...
Y hoy, la  35 Diada Ciclista de  Sant Sebastià, he podido acudir con bici prestada. Y puedo  presumir de haber participado en  la primera, aunque no vivía aquí en aquella época. Y soy afortunada porque la misma persona que me prestó su bici para pedalear hasta Son Moix, aquel año de 1978 me la ha vuelto a prestar hoy.

2 comentarios:

Aina Llucia Clar dijo...

Penoso lo que te ha ocurrido, pero es una delicia leer este escrito!

Eduardo dijo...

A pesar de que el motivo de inspiración sea lamentable, me ha encantado tu relato Nati. Me gustaría que éste no fuera el final de la historia y volvieras a tener tu bicicleta y que volviera a su dueña y lograra "escapar" de su/s secuestrador/es.